ENTREVISTA A BENOIT POELVOORDE
Actor
¿Cómo se unió al proyecto?
Isabelle Carré, con la que ya había rodado ENTRE SES MAINS, de Anne Fontaine, y a la que aprecio muchísimo, me llamó para hablarme del proyecto de Jean-Pierre. No se atrevía a contactar conmigo. Leí el guión y me gustó mucho. Se lo dije a Isabelle y ella se lo contó a él, pero al cabo de algunas semanas Jean-Pierre aún no había dado señales de vida y me sorprendía. Se lo comenté a mi agente, que también es el suyo, y me dijo que su comportamiento no tenía nada de sorprendente, dado que la historia de la película era en gran parte la suya. Cuando se sabe toda la parte autobiográfica que hay en la película, se entiende mejor la situación. Al final me llamó al cabo de quince días y todo fue bien.
¿Qué le sedujo?
No me imaginaba que existiesen los Híper Emotivos Anónimos. Cuando descubrí el guión, de buen principio me pareció una idea excelente. Creo que todo el mundo es más o menos emotivo, pero hasta ese punto supone un obstáculo. Y luego conocí a Jean-Pierre, que me habló de su experiencia, de los grupos de terapia tan útiles para los que sufren. Y todo el proyecto tomó otra dimensión. Además de una historia muy bien escrita, había un fondo que podía ayudar a mucha gente. La película es una comedia que se basa en una realidad poco conocida. Eso hacía el proyecto aún más interesante. La idea de trabajar con Isabelle Carré también me tentaba mucho. Es una mujer excepcional y una gran compañera con la que es muy motivador interpretar.
¿Cómo se acercó al personaje de Jean-René?
Me gustaba mucho la idea de interpretar ese tipo de personaje. Jean-René no es tímido, tiene pánico. No tartamudea, no duda, es otra cosa: le retienen sus miedos. Había que interpretarlo siempre a punto de desequilibrarse. No era fácil, pero era apasionante. Habiendo sus otras películas, sabía además que Jean-Pierre lo iba a abordar de forma delicada. Para aproximarse al personaje, me servía a menudo de lo que observaba en Jean-Pierre. No pretendía imitarle pero a veces me inspiraba en él. Afortunadamente Jean-Pierre es mucho más alegre que mi personaje, pero en los momentos de duda, cuando tiene que tomar decisiones, hay puntos en común. Como mi personaje, ese impulso hacia los demás, pero manteniendo una distancia. Incluso ahí hay rupturas ínfimas, un desencaje. Con él hay que fiarse más de los que se siente que de lo que se ve.
¿Cómo explica que alguien híper emotivo pueda encontrarse dirigiendo un plató y haciendo una película?
Jean-Pierre está mucho más lejos en el camino que mi personaje. Y más le vale, sino no habría podido asumir el puesto de realizador que, por otra parte, desempeña más que bien. A Jean-René le cuesta dirigir a cuatro personas, mientras que Jean-Pierre domina perfectamente su plató. Pronto me di cuenta de que, a pesar de su emotividad, Jean-Pierre obtiene con más facilidad lo que quiere que un director déspota o histérico que grita y da órdenes sin parar. Ha conseguido convertir su defecto en aliado. Cuando no se atreve, reflexiona. Y cuando se atreve, cuando avanza, está más que preparado. Sabe exactamente lo que quiere, tiene argumentos y te embarca en su visión.
¿Cómo aborda la interpretación?
Yo interpreto a todos mis personajes en primer grado. Me lanzo a la escena, al instante. El director me sitúa la escena en su contexto para no perder la coherencia de la historia y luego, si el reparto es adecuado, si el vestuario es bueno y el decorado es pertinente, solo hay que dejarse llevar por el personaje. Jean-René se articula alrededor de una fina línea entre el hecho de que tiene ganas pero no se atreve. Pero en el momento en que se lanza, es como una presa que cede. Aunque no sea malo, a veces eso le hace violento, al límite de la grosería. Es una energía que le define también, y en la que me he apoyado.
¿Había escenas que le impacientaba interpretar?
Disfrutaba especialmente todas las escenas de comedia que te llevan más lejos, las que hacen reír pero que revelan algo emotivo. Por ejemplo, cuando Jean-René no descuelga el teléfono tras su primera cita con Angélique. Me gustó mucho interpretar esa escena. Todas las escenas embarazosas, la cena, el callejón donde le da la mano, todas esas situaciones me tentaban mucho. El hecho de interpretarlas con Isabelle suponía un placer adicional. Empezamos rodando las escenas con el psicólogo. Enseguida me encontré en el corazón del personaje. Los tres primeros días de rodaje estuve sentado en un diván, sin mi compañera de historia, con el psicólogo que, aún estando excelente, no dice gran cosa. Y allí se libra el personaje. Se desenvuelve toda su trayectoria psicológica, aunque con el montaje quede repartida en el conjunto de la historia. Es algo difícil, pero ha tenido el mérito de meterme inmediatamente en el personaje. Luego ya le conocía.
¿Qué puntos cree que tiene en común con Jean-René?
No nos parecemos. Todos tenemos afinidades con los dos personajes de la película, despiertan empatía, pero de ahí a parecerse hay un margen. Las mujeres no me dan miedo. Me gusta ese tipo de papel porque puedo expresar mi aspecto más vulnerable y otro que hace reír. No creo que sea híper emotivo. A menudo se confunde el pudor con la timidez. Soy pudoroso pero no soy tímido.
¿Cómo preparó la escena en la que canta?
Después de PODIUM, me juré que no volvería a cantar nunca más en una película. Por lo tanto, estaba decidido a no hacer esa escena. En ese momento estaba seguro de que podría convencer a Jean-Pierre. Todavía no conocía la tenacidad de los híper emotivos. Hice de todo para librarme. En la vida real me encanta cantar, pero para mí cantar en público o cuando me filman es una verdadera tortura. Podría pasar por un rasgo común con mi personaje, pero no es lo mismo. En realidad es pudor. Admiro a los artistas que deciden expresarse cantando, pero yo soy incapaz. Cuando se canta, la voz revela una parte del alma una intimidad que desborda todas las máscaras que te puedas poner. Hay algo de auténtico en la voz. La gente de los karaokes, no los profesionales, sino los que se ven empujados a su pesar a los focos y que se lanzan, me afectan. Cantar es desnudarse y luché para no hacerlo. Pero no contaba con la obstinación de Jean-Pierre y al final cedí. Felizmente, delante estaba Isabelle, que ponía su mirada.
¿Qué recuerdos guardará de ÉMOTIFS ANONYMES?
Hay muchos momentos fuertes, pero creo que la escena en la que Jean-René llega a Híper emotivos Anónimos y habla con Angélique es la que más me marcó. Se atreve a confesar, se atreve a compartir un lazo, una vulnerabilidad. Estuvo muy bien interpretarlo con Isabelle, fue un momento bonito con el equipo y es el momento en el que el personaje por fin supera sus límites. También me gustó rodar en Lyon, durante casi un mes, descubrí la ciudad y a gente formidable. Bajo una superficie distante, son auténticos, acogedores. Entiendo que Jean-Pierre adore su ciudad.
¿Sabe ya lo que representa esta película en su carrera?
Esta película es un momento feliz. Me pregunto si debo seguir haciendo cine. No tenía ganas de retomar el camino de los platós y la película de Jean-Pierre me recordó que rodar podía ser un placer. Esta película y las que he hecho después, NADA QUE DECLARAR, de Dany Boon, y MON PIRE CAUCHEMAR, de Anne Fontaine, me han hecho muy feliz. Me sentí como en casa. Y sobre este proyecto, hay un verdadero intercambio, verdaderos encuentros, buenas razones. Es una película sincera y creo que le irá tan bien a la gente que la vea como a la que la ha hecho.
FILMOGRAFÍA DE BENOIT POELVOORDE
2011 MON PIRE CAUCHEMAR de Anne Fontaine
RIEN À DÉCLARER de Dany Boon
2010 LES ÉMOTIFS ANONYMES de Jean-Pierre Améris
L’AUTRE DUMAS de Safy Nebbou
2009 COCO AVANT CHANEL de Anne Fontaine
LA GUERRE DES MISS de Patrice Leconte
2008 LES RANDONNEURS À SAINT-TROPEZ de Philippe Harel
ASTÉRIX AUX JEUX OLYMPIQUES de F. Forrestier y T. Langmann
2007 LES DEUX MONDES de Daniel Cohen
COWBOY de Benoît Mariage
2006 SELON CHARLIE… de Nicole Garcia
DU JOUR AU LENDEMAIN de Philippe Le Guay
2005 ENTRE SES MAINS de Anne Fontaine
2004 NARCO de Gilles Lellouche y Tristan Aurouet
ATOMIK CIRCUS, LE RETOUR DE JAMES BATAILLE de D. Poiraud
PODIUM de Yann Moix
2002 LE BOULET de Alain Berbérian y Frédéric Forestier
Premio Jean Gabin 2002
2001 LE VÉLO DE GHISLAIN LAMBERT de Philippe Harel
LES PORTES DE LA GLOIRE de Christian Merret Palmair
1999 LE CONVOYEURS ATTENDENT de Benoît Mariage
1997 LES RANDONNEURS de Philippe Harel

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